Y es que eso es un punto muy en contra de la saga, esa dificultad que más que un reto es un desquicie total, o al menos a mi me lo parece. El Salamander si que era bien jodido también, solo que de ese solo he jugado version NES. Mis felicitaciones porque no es nada fácil acabar estos juegos.
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Terrores espaciales Los pequeños detalles hacen grande a la vida, y las curiosas anécdotas dotan de sustancia y carácter el periplo de un ser humano en su breve paso por el mundo terrenal. El por qué os cuento todo esto es -aparte del hecho de rellenar descaradamente el primer párrafo del presente texto- para contaros una anécdota de esas que, probablemente, agiten los recuerdos de todos aquellos que llevamos mamando esto de los videojuegos desde pequeñines. Vayamos al grano…
Si hay un juego al que le haya echado horas y horas, este ha sido Nemesis 2, el fastuoso cartucho de Konami para las computadoras MSX y, en definitiva, uno de los mejores lanzamientos de toda la historia de la popular compañía nipona. Tanta dedicación por mi parte era algo absolutamente normal, teniendo en cuenta que mi género favorito era, es y será el de los matamarcianos, siendo Nemesis 2 para el que esto suscribe el máximo exponente del género en la era de los ocho bits (e incluso más allá). Para un amante de los shmups como yo, el planteamiento de la segunda entrega de la serie Gradius era la perfección, con un desarrollo a todas luces sobresaliente, a la par de llevar en sus espaldas una carga audiovisual pocas veces vista en un juego de la época. Todavía no estábamos los usuarios de MSX acostumbrados a ese megabit en bruto de consistente información (era el noveno lanzamiento de Konami en formato MEGAROM, después de títulos como Vampire Killer, Penguin Adventure o Metal Gear), circunstancia que se traducía en un auténtico alucine en lo que a diseño, desarrollo y gráficos se refiere. Pero más allá de eso, y como fanboy que soy de las músicas de videojuegos a lo chiptune (o sea, aquellas generadas vía hardware), el oír las excelsas melodías de Nemesis 2 a través de la primera implantación en un cartucho del chip SCC (obra de Konami y Yamaha) era casi como si de un orgasmo tecnológico se tratase. Y es que, a los tres canales del PSG de los MSX, se les añadían ni más ni menos que cinco nuevos canales de sonido polifónico de una calidad de ensueño. La maestría de los músicos de esta casa junto al equipaje del nuevo chip daba como resultado un binomio a todas luces irresistible.
Pero más allá de las cuestiones técnicas, el caso es que mis horas de vicio al jueguecito de marras extralimitaban lo normal. Y no le echaba minutos en mi vetusto (pero todavía funcional) Canon V-20 para poder progresar poco a poco, sino para acabármelo una y otra vez, de cabo a rabo, de principio a fin… La cosa era exigirme la perfección en cada partida, tratar de darle vueltas al cartucho aniquilando el máximo número posible de "malos", destruyendo los final bosses en tiempo récord, y acumulando puntos y puntos por doquier. Por decirlo de alguna manera, era la búsqueda de la partida perfecta para mí mismo, puro -sano- vicio casi igualado a posteriori por el brutal Salamander, otra obra maestra de la dificultad absurda de la que también pude llegar a hablar partidas pluscuamperfectas.
Por aquellos entonces, el que esto suscribe jugaba en un pequeño televisor Sanyo de catorce pulgadas que tenía en mi habitación a modo de lujo que hoy no es tal (prácticamente todos los nenes de hoy en día tienen una TV en su cuarto). Cabe citar que en Nemesis 2 podíamos entrar en los enemigos de fin de fase justo antes de que estallasen, así accediendo a una mini-stage que se desarrollaba en el interior de la gran nave. Nos encontrábamos al final de este trayecto un ojo gigantesco (el núcleo del navío), y nos daba una o dos armas extras (o ninguna, dependiendo de nuestra rapidez a la hora de vencer). Pues por extraño que parezca, ese ojo se quedó marcado en mi aparato de televisión. Pero marcado al rojo vivo: la tele apagada, desenchufada, y el ojo seguía ahí. Vivo, brillante, fluorescente… ya se sabe, cosas de los tubos de imagen de la época. Imaginad para un tierno jovencito como yo el tener delante de su cama, en plena noche, un ojo alienígena, de luminosos tonos verdes y rojos, vigilando expectante… ¡Terrorífico! O cuanto menos inquietante… "El ojo de Venom", lo llamaba mi hermana (el Doctor Venom era ‘el malo’ de Nemesis 2). Ahí estuvo durante meses, gobernando mi particular rinconcito. Parece que, después de tanto aniquilar a su ejército dentro del juego, de tanto achicharrarle su trasero a base de láser, el Doctor Venom llegó a la conclusión de que era más fácil fastidiarme en la vida real que en el propio juego…
por Spidey
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