
De: Dimps (creadores de los dos títulos anteriores de Saint Seiya para PS2 y programadores de Street Fighter IV) Nos lo trae: Namco-Bandai (para PlayStation 3) Género: Cosmos y amistad entre hostias multitudinarias Localización: Voces en japonés, textos en castellano
¡Dame tu fuerza, pegaso!
Quién no recuerda a estas alturas aquella gran serie de nuestra infancia que, siempre a la sombra de "Dragon Ball", amenizaba nuestras mañanas los fines de semana. "Los Caballeros del Zodiaco" supuso todo un referente dentro del Nekketsu manga/anime, por lo menos para los de mi generación. Porque nuestros queridos Caballeros no solo se hicieron famosos por perder litros y litros de sangre en cada combate, sino porque supieron venderse bien a base de un merchandising que fue casi más popular que la misma serie. Ahí estaban esos muñecos, feos como ellos solos y repletos de articulaciones y muescas donde encajar sus pesadas armaduras de hierro barato, pero con su carisma en nuestras peleas de recreo. Sea como fuera, el caso es que aquellas armaduras “molaban” la mayoría de ellas y alguna incluso “que te cagas”.

En este caso Dimps vuelve a tomar las riendas para resucitar la franquicia tomando como pretexto la saga más icónica del anime, Santuario, y utilizando como resorte la mecánica de hostias masivas made in Tecmo Koei. El juego empieza justo con la movida de los doce Templos en marcha, Atenea (Saori para los amigos) con la flecha clavada en el corazón y los Caballeros de Bronce de camino al primer templo, el de Aries, hogar de su colega Mu. Esto sirve de excusa ideal para empezar con el tutorial y dar las primeras hostias porque sí. A partir de aquí, el esquema jugable es bien simple: siguiendo a rajatabla Templo a Templo y combate a combate la saga de las doce Casas de Oro, iremos controlando según dicte el guión a Seiya, Shiryu, Hyoga, Shun o Ikki en combates masivos y absurdos intentando emular sin éxito al estilo “Warriors”, lo cual termina desembocando en la batalla en el templo contra el Caballero de Oro que lo custodie, con cinemáticas que calcan con bastante fidelidad a la serie de animación original.

Es innegable lo poco que puede llegar a pedirle el fan incondicional de un manga/anime a su homónimo de videojuego, y esta es una debilidad de la que se sirven en Dimps para utilizarla como arma de doble filo contra nuestros sentimientos. Nada más meter el disco en nuestra PlayStation 3 empezará a sonar el opening original en japonés, Pegasus Fantasy, y como somos así de facilones, quedaremos complacidos al ver que controlamos a nuestros queridos Caballeros de Pegaso, Cisne, Andrómeda, Fénix y Dragón, mientras utilizamos los movimientos originales del manga/anime y disfrutamos con las fieles animaciones y aleteos de brazos que utilizan nuestros protagonistas para invocar al poder del Cosmos y la amistad. Todo muy bonito y emotivo, aunque no solo de pelos de punta vive el videojugador. Porque cuando llevas unas horas avanzando por el Santuario, te das cuenta de que algo falla en su mecánica y que esto, por desgracia, no tiene esa cimentación sólida de alma incombustible que convierta la aborrecible manta de palos en algo rutinario y placentero como sí tenía el título de Tecmo Koei basado en Hokuto no Ken, Ken´s Rage.

Es una pena, porque el camino que nos lleva sistemáticamente hacia cada uno de los Templos es un auténtico tormento aburrido y soso, aunque convenientemente corto. Recorremos escenarios muy limitados e iguales mientras sacudimos en clave de beat´em up a oleadas de enemigos muy limitados e iguales. Con un poco de suerte nos interrumpe a mitad del camino algún secundario disfrazado de mini jefe como el eterno rival de Seiya, Cassio, Misty el Caballero de Plata o el Pegaso Negro, en todo caso enfrentamientos que en esta saga están absolutamente fuera de contrato. Creo que han sido muy presuntuosos en Dimps al pensar que hacer su respectivo “Saint Seiya Warriors” por su cuenta y riesgo sería una tarea sencilla, en plan: “cogemos la temática de Saint Seiya, cortamos y pegamos, dándoles siempre a los cerdos lo que quieren y éxito asegurado”. Desde luego lo que más me gusta es ser ese cerdo al que le dan lo que pide en forma de miles de guiños hacia los mejores momentos de cualquiera de sus mangas preferidos, el problema está en que la mecánica no se ha cortado y pegado como es debido.

Pero igual que digo una cosa, digo otra: afortunadamente los enfrentamientos contra los Caballeros Dorados son una verdadera gozada fanservice que ningún fan fatal de Saint Seiya debería perderse bajo ningún pretexto. No solo son absolutamente iguales a los de la obra de Masami Kurumada, con esa música y esas voces originales que nos pondrán cardiacos, sino que a nivel de mecánicas funcionan a la perfección y por separado además. Yo directamente habría quitado el otro cincuenta por cien del juego basado en esos combates monótonos que inducen al suicidio y habría volcado el modo historia enteramente en estos espectaculares enfrentamientos one vs one de Templo, y evitaría así toda la morrallica que hay que zamparse hasta la llegada de esos épicos momentos. Porque el caso es que como brawler se maneja muy bien, con un número considerable de combos, dos o tres especiales por personaje, la opción de tirar del poder del Cosmos y del séptimo sentido que potencia nuestros ataques y ralentiza los movimientos del enemigo, las geniales y devastadoras técnicas Big Bang, la posibilidad de quitarnos la armadura para jugárnoslo al todo o nada y hasta una genial recompensa por saber cubrirnos en el segundo preciso.

Lo que sí que no vale para nada es la experiencia conseguida en los combates. Nuestros Caballeros irán subiendo de nivel y podremos mejorarles la defensa y demás atributos, e incluso aprender más combos, pero esto nunca deriva en un cambio sustancial en la jugabilidad ya que no existe la posibilidad de aprender nuevos ataques o especiales; hay los que hay desde un principio y punto. Por suerte cada uno de los personajes tiene unas características de ataque y defensa muy bien definidas por su manga de origen que otorgan a cada uno de ellos la suficiente personalidad jugable como para notarlo en nuestros mandos. Por ejemplo: el Caballero de Andrómeda se puede cubrir eficazmente con su cadena, el del Cisne puede congelar al rival o el del Fénix puede restaurar su armadura las veces que haga falta.

Pero como digo, es solo en los combates de fin de fase cuando realmente el juego se muestra como tal y saca los dientes. Porque completar la historia en dificultad “normal” es toda una proeza, teniendo que sudar la gota gorda para superar combates tan de la vieja escuela a nivel de rutinas contra bosses como la lucha de Shiryu del Dragón contra Máscara de Muerte de Cáncer. Porque solo se nos dan tres intentos para superar cada sección, y os puedo asegurar que en combates como el citado se nos quedan cortos. Por lo que a partir del tercer Templo sufriremos las consecuencias de su metodología hardcoreta. Y la mejor prueba de ello son los modos “supervivencia” y “misión”, con desafíos realmente jodidos en los que se nos ofrece el aliciente de escoger (si hemos completado el Santuario) entre todos los Caballeros de Oro, incluyendo alguna sorpresilla que encantará a los mitómanos del manga/anime, para uno o dos jugadores (eso sí, en la misma consola).

Conclusiones
Yo sinceramente pienso que si el Sumo Sacerdote hubiera visto el Santuario que nos ofrece Saint Seiya: Sanctuary Battle, se le habrían quitado las ganas de tomarlo. Porque su intento desganado de ser un Fist of the North Star: Ken´s Rage de "Los Caballeros del Zodiaco" termina secando al jugador. Lo único realmente bueno que encontrará el seguidor de la obra son los combates contra los Caballeros de Oro, auténticas luchas de final boss muy de la vieja escuela y con toda la esencia del anime. Pero el camino hasta ellas es tan desalmado y recurre tan temprano a personajes inventados, repetidos e incongruentes –todos en formato mini boss para entorpecer aún más el recorrido-, que resulta muy difícil no tirar la toalla. Luego siempre me gusta recalcar en estos casos lo feo que queda el que te obliguen a pagar cinco eurazos cada vez que queramos darnos el capricho en la Store de comprar las nuevas armaduras de los protagonistas, o personajes de otras sagas. Muy feo.

Por Afro Percal
 
|