Review: BINARY DOMAIN
Binary Domain

De: Ryu ga Gotoku Studio (desarrolladores de la serie Yakuza)
Nos lo trae: Sega (para PlayStation 3, Xbox 360 y PC)
Género: Acción cibernética en tercera persona
Localización: Voces y textos en castellano

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La era de las máquinas

Contemplando el catálogo actual de Sega, es fácil llegar a la conclusión de que algo no funciona demasiado bien dentro de esta otrora mítica empresa. Es más, para muchos, la compañía japonesa no da pie con bola desde que su consola Dreamcast pasara a mejor vida, siendo la muestra palpable de todo esto lo mal que suelen dejar al erizo Sonic con cada nuevo lanzamiento que le dedican. Sin embargo, dentro de lo que es su producción interna siempre se ha ido salvando una serie que lleva dando caña desde los tiempos de PlayStation 2: Yakuza. No pocos ven en los Ryu ga Gotoku (como se le conoce a esta saga en Japón) como la esencia del añorado Shenmue de Yu Suzuki, si bien lo que es innegable del todo es el hecho de que Yakuza -y con permiso de Virtua Tennis- se mueve entre lo mejorcito que ha parido Sega a lo largo de estas dos últimas generaciones.


Toshihiro Nagoshi, responsable de estos juegos, ha formado su propio estudio aún estando dentro de Sega, dedicándose igualmente -aunque con más independencia- a la casa del erizo azul. Es pues el Ruy ga Gotoku Studio el que nos trae el juego que nos ocupa ahora mismo, Binary Domain, y que si bien en primera instancia parece que estamos ante otro Gears of War, sí que hay que tener en cuenta los precedentes de su productor, máxime cuando tras de sí hay nombres tan magnos como los ya citados Yakuza, Vanquish, Super Monkey Ball o F-Zero GX, amén de haber sido supervisor de desarrollo en el mágico Shenmue. Con semejante currículum, la fácil etiqueta de “clon japo del Gears” no debe soltarse de manera frívola… y os puedo asegurar que Binary Domain no es un Quantum Theory ni nada por el estilo.


Para empezar, la premisa argumental no está nada mal, y resulta bastante atractiva. Nuestra misión será la de adentrarnos en el Tokio del año 2080, en pos de abrirnos camino entre la amenaza robótica y así descubrir quién está detrás de la creación de humanoides altamente avanzados que se están infiltrando en la sociedad sin ser detectados. Con este argumento de fondo, comenzaremos dando tiros a lo largo de una primera misión que se me antojó flojísima, anodina en su desarrollo y bastante inconsistente de cara a representar un buen espectáculo gráfico. Debo reconocer que me decepcioné sobre manera con Binary Domain durante esos primeros minutos de juego, porque aparte de no aportar nada nuevo, dejaba a las claras que era soso con ganas.

No obstante, nada más lejos de la realidad. Es alcanzar cierto punto de control y… ¡todo cambia! Binary Domain comienza poco a poco a alejarse del peligroso tufillo a Gears of War y adopta de sopetón los ademanes del genial Vanquish, metiendo espectáculo a cascoporro, salvajes tiroteos dinámicos a más no poder y, como no podría ser de otra manera, una serie de brutos mecánicos que bien podrían medirse con los más espectaculares robots del ya citado shooter de Platinum Games. De repente Binary Domain explota y todas sus cualidades se multiplican de manera exponencial, convirtiéndose en un juego de acción y disparos de auténtica primera línea.


Desde luego que gustará a los jugadores más hardcore del lugar, ya que Sega y el equipo de Nagoshi no han tratado de ponerle al usuario las cosas fáciles. Cuando uno de esos gigantescos robots comience a inundar el escenario de misiles, nos veremos sometidos a una rocosa orgía de explosiones, con nuestro personaje rodando a la desesperada, buscando parapetos susceptibles de desmontarse a la mínima… todo ello mientras procuramos salvar la vida de nuestros compañeros heridos (o al revés) y buscamos puntos débiles en la estructura del enemigo. Y es que, si bien los tiroteos contra los rivales “normales” están bien llevados y son la mar de entretenidos, Binary Domain alcanza sus más altas cotas de diversión apretándonos las tuercas con la abultada cifra de final bosses que incluye el programa.

Técnicamente hablando todo el conjunto raya a una altura de auténtico “triple A”, demostrando que no todos los desarrolladores japoneses se han quedado atrás en la carrera tecnológica de los videojuegos. Los gráficos, repletos de polígonos bien plantados y buenas texturas, ganan de calle a muchos rivales de género por sus magníficos diseños (obra de Hiroyuki Sakamoto), a lo cual ayuda sobremanera el contar con una amplia cifra de animaciones que se mueven a un ratio tan estable como suave. En términos de calidad el sonido no le va a la zaga, siendo especialmente contundente en los disparos y explosiones mientras la banda sonora de Mitsuharu Fukuyama (OutRun 2, Bayonetta, Yakuza: Dead Souls) acaricia nuestros tímpanos.


Y ojo, porque Binary Domain está completamente doblado al castellano. Después de tragarnos cuatro entregas de la serie Yakuza sin siquiera venir con textos en español (cinco, si contamos con Yakuza: Dead Souls), el título que hoy nos ocupa lo hace absolutamente localizado… y nada mal, si se me permite decirlo. ¿El por qué? Hay que asumir que se debe a la curiosa circunstancia de que Sega ha introducido un particular sistema de reconocimiento de voz a través de Kinect, desde donde podremos hacer cosas como dar órdenes a nuestros hombres o, simplemente, responder a las preguntas que éstos nos hagan. Resulta útil a la par que extremadamente divertido… sólo que me he encontrado con situaciones en las que caía gravemente herido, y uno de mis soldados me preguntaba si necesitaba ayuda, para curarme y tal. Yo decía “¡sí!”, y el sistema de reconocimiento de voz entendió “¡no!”. El caso es que morí, y eso que yo no tengo una dicción precisamente mala…

 

Binary Domain no es un juego largo, pero no es ni mucho menos tan corto como Vanquish. Con todo, para compensar el que acabemos con el modo historia (hacerlo en el nivel máximo de dificultad es un reto de lo más duro y divertido), existen una serie de modos multijugador bastante bien plantados, con distintas opciones competitivas y cooperativas. La pena es que el escenario online esté demasiado vacío, siendo complicado encontrar partidas en las que podamos medirnos contra alguien. Sí es más fácil toparnos con jugadores en el símil de “modo horda” que incluye Binary Domain, el cual de prodigarse más este juego entre el gran público a buen seguro que triunfaría sobre otros “horda” más populares.


Conclusiones

No es desde luego un juego menor este Binary Domain. Puede que haya entrado sin hacer ruido (de hecho llevaba algún que otro mes en cola esperando a que terminara la presente review), pero es de justicia alabar sus virtudes en pos de que no quede relegado al ostracismo. Su condición de juego de acción aparentemente convencional lo puede condenar frente a los nombres de siempre, pero Binary Domain tiene calidad para dar y tomar sin que le tiemble el pulso al lado de los Gears of War, Halo y Call of Duty. Sí es cierto que algún que otro detalle menor puede ser digno de ser reseñado, como la no siempre inspirada inteligencia artificial de nuestros hombres… pero la trepidante acción, la sobresaliente -y bien narrada- historia, los personajes, los enemigos… Son muchas las cosas que hacen de Binary Domain un lanzamiento imprescindible a poco que te gusten los buenos juegos de acción. Así es el eslabón que une el presente con los mejores tiempos de la otrora mítica Sega.



Por Spidey


Referencia en su géneroJuegazo

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