Review: THE CURSED CRUSADE
The Cursed Crusade

De: Kylotonn Entertainment (desarrolladores de Bet on Soldier o Speedball 2 Tournament)
Nos lo trae: Koch Media (para Xbox 360, PlayStation 3 y PC)
Género: Slash'em up del medioevo
Localización: Voces en inglés, textos en castellano

box

Quien a hierro mata...

Lo que ha ocurrido con esto de los templarios en el mundo del videojuego es digno de estudio. En cierto modo, parece como si el pasado 2011 hubiésemos sufrido una auténtica cruzada en forma de invasión de Caballeros del Temple, con dos títulos ciertamente parecidos en temática y mecánica: The Firts Templar y el que hoy nos ocupa, The Cursed Crusade. Del primero no os puedo decir demasiado, ya que, a pesar de contar con la versión que para España ha publicado FX Interactive (bajo el nombre El Primer Templario), hemos tenido la malísima suerte de no poderlo ejecutar en condiciones, debido a que, aún habiéndolo probado en varias computadoras de distintas configuraciones, vemos los gráficos absolutamente corrompidos. Pero sí os podemos hablar de la casualidad de encontrarnos con dos títulos tan cercanos en tiempo y, encima, ambos producidos por sendas distribuidoras alemanas… qué cosas, ¿no?.


En cualquier caso, el código de The Cursed Crusade viene de tierras francesas, concretamente de Kylotonn Entertainment, desarrolladores de los discretos Bet on Soldier y del todavía fresco remake para Windows del mítico Speedball 2 . No es un historial como para quitarse el sombrero, pero a poco que uno conozca la obra de esta productora bien que podrá decir que son unos profesionales como la copa de un pino. Y voto a bríos que lo demuestran de forma holgada con The Cursed Crusade, un beat’em up de tomo y lomo que si bien no dejará huella en la historia del videojuego, sí que proporcionará no pocos momentos de diversión pura y dura, con el añadido de implementar un multijugador de lo más agradecido.


Cómo no, con toda la avalancha navideña sobre nuestras cabezas -y la negativa de sus distribuidores en España de cara a mandarnos el presente juego... ¿tan poco confiaban en el?-, hemos aprovechado su reciente bajada de precio para hacernos con un ejemplar de The Cursed Crusade y, así, traéroslo a esta vuestra Metodologic. El que esto suscribe no tiene impedimento a la hora de hacerse con tal o cual título en pos de que esté reseñado en nuestro webzine, aunque con ello en más de una ocasión me he tragado una bazofia de categoría. Afortunadamente, no es el caso de The Cursed Crusade, el cual sorpresivamente es un programa bastante cuidado en lo técnico y muy, pero que muy entretenido.


Conviene repetirse en lo tocante a la calidad de juegos como este porque, por lo general, son de forma abrupta defenestrados por la prensa especializada, entrando negativamente en detalle con respecto a matices que otrora serían sin duda alabados. En este sentido, es particularmente gracioso como no pocas publicaciones se han hecho eco de lo malo que estar ante un juego que goza de muchísimos minutos de narración y escenas no interactivas. Para esta gente, lejos de aportar profundidad al argumento y añadir emoción al desarrollo, resultan un incómodo aporte que no hace más que añadir losas de tedio al videojuego. Con esto mismo, luego vienen los Metal Gear Solid y, vaya... son la bomba.


Otra pega para estos "redactores destroyer" es su propia mecánica de juego. En una época donde cualquier lanzamiento te lleva de principio a fin de la manita, interrumpiéndote la partida con decenas de consejos y tutoriales para lerdos, se le critica a The Cursed Crusade su dificultad y, sobre todo, su aparente falta de ‘ayudas’. Y es que no ocurre otra cosa que el mero hecho de que el usuario debe depender de sí mismo para progresar, debe ser un buen jugador… y poco más. En otros tiempos, lo normal era toparte de bruces con un Ghosts’n Goblins de dificultad sin igual… ¡y todos los disfrutábamos! Ahora, ser un peregrino juego de desconocidas raíces puede crear susceptibilidades de cara a que cualquier matiz inherente a su naturaleza lúdica sea duramente criticado.


Más allá de todo esto, The Cursed Crusade es todo un esfuerzo por parte de unos desarrolladores ciertamente humildes de cara a traernos un producto trabajado hasta lo indecible. Se ve que Kylotonn Entertainment ha invertido todos sus esfuerzos en plasmar un bonito espectáculo audiovisual, digno de las mejores producciones de hoy día. Tal vez lo único criticable se lo escasamente profundo de su mecánica de juego, pero nada más lejos de la realidad. Aparte de la circunstancia de que el beat’em up en sí es un género repetitivo y tal (cosa que antaño no nos importaba, todo hay que decirlo), The Cursed Crusade lucha por hacer el desarrollo variado, amenizando nuestro avance con distintas secuencias que, además de imponer un curioso -e interactivo- ritmo narrativo, proporcionan las justas cotas de emoción y ambientación a un juego que se acaba redondeando a sí mismo.


Porque da gusto combatir espada en mano (o mazo, o hacha… ¡hay más de cien armas!), en un estilo que nos recuerda al sobresaliente Knights of the Temple, con una contundencia jugable que tiene su paralelismo gráfico en las crudas y sangrientas escenas de lucha (de ahí el curioso "100% uncut" de la portada PAL). Lo mejor de todo es que es sencillo de jugar, y no por ello deja de ser llamativamente espectacular. Los momentos en los que invocamos en infierno en la tierra son dignos de mención, amén de que proporcionan una nueva dosis de variedad al manido asunto de los mandoblazos… si es que se le puede llamar “manido” a los más de cuatrocientos ataques disponibles.


Todo esto junto a un argumento de lo más interesante, con la dosis precisa de realismo sazonado con unas cuantas gotas de fantasía pura y dura. Dos guerreros malditos -entre ellos el estereotipado español Esteban Noviembre- y una apasionante trama de desafíos y traiciones dignas de la mejor novela de fantasía épica. Con tales premisas, la campaña no puede ser otra cosa que la diversión personificada, matiz al que hay que sumarle la posibilidad de jugar con un compañero, ya sea a través de la red de redes o vía local. En cualquier caso, os espera una aventura que, de principio a fin, os mantendrá pegados a la pantalla sin remisión a poco que te guste repartir espadazos sin ton ni son.

 


Conclusión

The Cursed Crusade es lo que es, un título de origen humilde pero con pretensiones de llegar a lo más alto. Evidentemente no va a jugar en la liga de los grandes, del mismo modo que sus valores de producción, a pesar de todo, no llegan al nivel de, por ejemplo, La Guerra del Norte. Sin embargo, esto no quita el que los esfuerzos volcados en esta producción sean palpables, y es algo que se denota desde los primeros compases de juego. Así, de primeras, un juego condensado en ese buen puñado de cinemáticas, con unos gráficos que dejan a las claras que son de la presente generación y, además, la hermosísima banda sonora de Markus Schmidt (suyas son las partituras de Drakensang, Arcania o Sacred 2) no puede ser un título condenado a las primeras de cambio.


Lo pernicioso del asunto es que su propia naturaleza se arriesga a que sea sojuzgado sin remisión, como ha ocurrido con el grueso de la prensa especializada. Y es algo que todos deberíamos saber ya: si la desarrolladora es menos conocida que la madre del 'Chavo del ocho' y el juego no pertenece a ninguna saga trilladísima por sus múltiples entregas, es de cajón que difícilmente contará con los favores de la crítica. Recordemos que, en su día, juegazos de culto como Deus Ex o el primer Hitman fueron “cateados” por la insigne MicroManía, por poner un ejemplo… Y dicho esto, no me queda otra cosa por decir salvo que The Cursed Crusade es un estupendo juego.



Por Spidey


Máxima violenciaSorpresa inesperada

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