| Review: AMY |
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De: VectorCell (creadores de Mister Slime ) ![]() Indigno Cuanto te dicen que el responsable de títulos tan míticos como Flashback, Cruise for a Corpse o los insignes Moto Racer tiene un nuevo juego entre manos, uno no puede hacer otra cosa que temblar de emoción. La mente retrocede a aquellos tiempos en los que el software francés era ciertamente particular, rezumando un inconfundible estilo repleto de buenas formas y, sobre todo, muchísima personalidad. Paul Cuisset, máximo responsable de Delphine Software, se cuidaba de que todos y cada uno de los programas lanzados por su compañía estuvieran pulidos hasta lo indecible, dando como resultado productos tan magníficos y magistrales como el ya citado Flashback o aquel impresionante Another World de Eric Chahi.
Es por ello que, después de tanto tiempo, te topas de golpe con este Amy de Cuisset y es difícil no preguntarse qué es lo que ha fallado. Porque Amy, aún con sus matices positivos, es un lanzamiento a todas luces indigno en lo que a relacionarlo se refiere con el hombre responsable de tantos juegos maravillosos. A tenor de lo visto, el que esto suscribe intuye que más que por Cuisset, el asunto debe ir por derroteros relacionados con la financiación del proyecto o el tiempo de desarrollo, ya que, primero, Paul Cuisset ha demostrado de sobra sus dotes a la hora de comandar proyectos más allá de la era 16 bits -Moto Racer y Fade to the Black dan buena cuenta de ello- y, segundo, su último y más reciente proyecto, Mister Slime (lanzado para Nintendo DS en 2008, siete años después de Moto Racer 3), es una divertidísima pieza nada desdeñable.
Y conste que la idea en sí de Amy es de lo más atractiva. Volvemos a encontrarnos ante los auténticos protagonistas de esta generación, o sea, los zombis, pero la premisa de la que parte esta aventura tiene ciertos matices originales que, en teoría, deberían aportar algo de sangre fresca al más que trillado género de los survival horror. Básicamente, el objetivo principal es sobrevivir ante un desastre biológico que ha convertido en criaturas asesinas a la inmensa mayoría de la población. Pero más allá de eso, nuestra protagonista debe proteger a Amy, una niña autista dotada de ciertas habilidades que vendrán de perlas a la hora de resolver determinados puzzles. Así, nuestra heroína particular tendrá que cuidar de Amy, correr con ella de la mano, pelear como una posesa (con un sistema de combate al más puro estilo Silent Hill) y, finalmente, combatir su propia infección.
Si bien el concepto es cuanto menos sugerente, es en las formas donde falla el conjunto. Para empezar, gráficamente el juego es bastante obsoleto. Las figuras de Lana y Amy están muy bien realizadas, pero el resto de los elementos, tanto escenarios como el resto de personajes, dejan muchísimo que desear. La ambientación es oscura, y con ello se trata de disimular la carencia de detalle… pero lo cierto y verdad es que no lo consigue. Juegos con un potencial bajo de polígonos-texturas como Alice o Rage solventan con soltura sus limitaciones en base a un diseño a la altura de las circunstancias, pero Amy es paupérrimo a más no poder: monstruos y secundarios toscos, decorados cuadriculados y de cartón piedra….
Para colmo de males, el rendimiento que ofrece en esta ocasión el PhyreEngine es desastroso. Aún con la simpleza de sus gráficos, Amy rinde bastante mal, bajando en demasiadas ocasiones de esas treinta imágenes por segundo que, lejos de ser constantes, terminan convirtiéndose en un frame rate de lo más errático. Lo gracioso de todo esto es que, en términos de diseño mecánico, la cosa recuerda sobremanera al sobresaliente Fade to Black. Pero, para que veáis cómo es la cosa, el viejo título de Delphine Software, que data de 1995, resulta a día de hoy cien veces más atractivo a todos los niveles que este triste Amy. Como survival no asusta lo más mínimo (de vez en cuando el programa trata de asustarnos con elementos que se caen del escenario y tal… pero el único personaje que se perturba es la propia protagonista), como juego de acción falla estrepitosamente (el control y los combates están fatalmente resueltos), y las secciones de sigilo son torpes e inútiles de solemnidad.
Todo esto tendría algo de solución si el juego en sí fuera divertido o, al menos, tuviera algo de emoción que justificara el que nos metamos en la historia. Debo decir que, con el atractivo inherente al argumento, he tratado una y otra vez de darle una oportunidad al programa. Por momentos he conseguido meterme en el papel de Lana, y detalles como la música (básica, pero bastante) o algunos elementos de la ambientación me iban convenciendo de que podría ser interesante seguir invirtiendo tiempo en Amy. Pero, de sopetón, te chocas de bruces con situaciones en teoría tensas y magistrales que, por pura torpeza de sus diseñadores, se transforman en una ridícula escena de acción digna de los primeros experimentos tridimensionales en la 3DO.
Y lo peor no es eso… Amy, aparte de insípido, no pone las cosas fáciles al jugador. No me refiero a la dificultad, ya que lo que el juego propone como situaciones extremas se resuelven demasiado fácilmente a golpe de palo. Más bien, el juego de VectorCell fastidia a propios y extraños con su bizarro sistema de salvado, capaz de hacernos creer que hemos llegado a un lejano checkpoint y, de repente, vernos obligados a empezar de nuevo en la siguiente partida. Y eso por no hablar de los fastidiosos bugs… ayer precisamente se me quedó la protagonista encallada en la puerta de un urinario, obligándome a comenzar de nuevo la partida. Cosa que, por supuesto, no hice… apagué la consola muy, pero que muy cabreado.
Conclusión No es fácil para mí ponerme a decir cosas malas del trabajo de un señor que tan buenas horas de ocio electrónico me dio en el pasado. Pero Amy es indigno de la trayectoria del maestro que nos trajera Flashback, Operation Stealth o Future Wars (no, no mencionaré aquella rareza llamada Shaq-Fu). Con todo, cabe la posibilidad de que su peregrino encanto llame a tu puerta y te termine gustando… pero lo dudo: técnicamente es un desastre, la historia es bastante plana y, a nivel jugable, hace aguas por doquier. A todos los niveles, Amy es un juego fallido, un producto indigno ya no solo de su autor, sino para todo lo que es la presente generación.
Por Spidey
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