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![]() De: Rebellion Derby (son los desarrolladores originales de Tomb Raider) ![]() Soy el dios iracundo del combate Richard Marcinki es, aparte de fundador de SEAL Team Six y comandante de la unidad antiterrorista Red Cell, la máquina de matar más eficaz de la Armada de los Estados Unidos. Este hombre, tras una mili más larga que la del Capitán Trueno (y con más condecoraciones en su haber que todo el ejército español junto), arrastra tras de sí toda una leyenda únicamente superada por la imbatible aureola de ese gran americano que es Chuck Norris. Con setenta años a sus espaldas ya no está para muchas guerras, pero el señor Marcinki -también conocido como “Rogue Warrior”- ha decidido acercarse al mundo del videojuego para enseñarnos lo burrísimo que podía llegar a ser en sus buenos tiempos…
Para ello se ha prestado la prestigiosa Bethesda Softworks, encargándose de las labores de producción y apoyo logístico (el motor gráfico es una mezcla del ya clásico Unreal Engine 3 con el Gamebryo de Oblivion y Fallout 3), quienes han confiado en la gente de Rebellion (concretamente Rebellion Derby, la antigua Core Design) para programarlo sobre la base que abocetara en su momento Zombie Studios antes de abandonar el barco. Ante tanta amalgama de compañías y proyectos medio acabados, bien se puede decir que estamos ante un título, dejando aparte la escasamente atractiva premisa argumental sobre la que se sustenta (el guión del juego es más simple que el de cualquier capítulo de Pocoyó), que podría sugerir el ser una opción poco favorable de cara a comprarlo.
La cosa es que su lanzamiento se produjo a finales de noviembre del pasado año, y a estas alturas, habiendo pasado poco más de mes y medio, ya lo tenemos a mitad de precio. Dadas las circunstancias, no suena demasiado bien para Rogue Warrior… y menos para sus programadores, ya que Rebellion ha decidido defenestrarlos. El caso es que, aprovechando dicha tesitura (y sobre todo gracias a que Bandai Namco Games no nos lo remitiera en su día), la siempre generosa redacción de Metodologic sacrifica su bolsillo en pos de mantener informado al lector. Nunca es tarde si la dicha es buena, y después de los distintos varapalos que se ha llevado Rogue Warrior en la prensa del medio, es de justicia haceros saber que nos hemos encontrado con un first person shooter honesto, salvaje y divertido.
Unas tres horitas Desgraciadamente, el modo campaña de Rogue Warrior es tan efímero como un suspiro. Y es que alrededor de tres horas nos llevará completarlo de medio a medio, un tiempo a todas luces ridículo. Más aún cuando se trata de un producto tan furioso y repleto de acción que apenas da concesiones a matices que ralenticen su desarrollo, resultando un timo en toda regla para aquel que haya pagado los setenta euros que valía en su momento. Curioso que dure tan poquito cuando, precisamente, Dick Marcinko se ha llevado toda una vida pegando tiros… Con todo, Rogue Warrior luce un modo online que no está nada mal. Muy clásico en todos sus preceptos, pero desafortunadamente está menos poblado que la Antártida. Esperaremos para ver si la bajada de precio le sienta bien en este sentido.
Como juego, el programa de Rebellion Derby es competente. Más ancestral en su concepción no puede ser, clavando de arriba abajo todos y cada uno de los elementos característicos del género. No hay lugar para profundas zarandajas argumentales que lleven a cinemáticas intrascendentales: en Rogue Warrior la acción es total, donde únicamente la posibilidad de cubrirnos al más puro estilo Rainbow Six: Vegas nos dará algún ratito que otro de paz. Por lo demás, avanzar y matar.
Porque matar es lo que mejor se le da al rudo Marcinko. Aparte de ser todo un experto en el arte de crear ombligos a base de tiros, nuestro hombre aprovechará su sigilo para hacer auténticas carnicerías a base de cuchillo, dando lugar a algunas escenas ciertamente brutales. Más de veinticinco movimientos asesinos llenarán la pantalla de contundentes ataques, casi siempre acompañados estos por los impagables comentarios del protagonista (fenomenalmente doblado por Antonio Esquivias)… Con cosas del estilo “te voy a destripar como a un pescado” merecen la pena, aunque sea para echarnos unas risas.
Entrando en lo técnico, hay que decir que Rogue Warrior no posee malas maneras. Sin virtuosismo alguno en temas artísticos, Rebellion ha apostado por una austeridad que casa bastante bien con la temática, pero supone (y con creces) una mejora considerable a lo mostrado en títulos como Shellshock 2. También se queda lejos de ser un Modern Warfare en términos de suavidad, ya que Rogue Warrior está muy lejos de siquiera atisbar las sesenta imágenes por segundo del juegazo de Infinity Ward. Sí que puede presumir de banda sonora, con las tonadillas bélicas de siempre acompañadas de una percusión de lo más heavy.
Conclusión Un Rogue Warrior a setenta, sesenta o cincuenta euros sí que podría ser tildado de desastre. Como hemos dicho, el juego es tremendamente corto, poco ambicioso en lo técnico y con un online donde lo que más hay son bolas de paja pululando al son del viento. Pero amigos, tengo que reconocer que a unos treinta eurillos es una opción viable para todo aquel que disfrute de los juegos de acción en primera persona.
Qué queréis que os diga… me he divertido. Me ha gustado el diseño de los niveles, he empatizado con las burradas del protagonista y me ha encantado sus ruidosas composiciones musicales. Estar ante Rogue Warrior es como ver esas películas de la Cannon allá por los ochenta… y, con una frase como esta, posiblemente muchos perros viejos como el que esto suscribe caigan rendidos ante “el dios iracundo del combate” que es el amigo Dick Marcinko. Por Spidey
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