REDACCIÓN OPINA: UNA DE ANÉCDOTAS Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Lunes, 02 de Marzo de 2009 00:54
Una de anécdotas

Capitán Cuernos

Hace algunos años ya, tanto a Lego como a mí (como a algún que otro lector del foro), nos ocurrió lo mejor y lo peor (según el punto de vista) que le puede pasar a un estudiante que se tira, como nosotros, todo el santo día en el campus: conseguir un aula para uso particular. En nuestro caso, el aula era el Aula de Rol de la facultad de Biología (sí, y eso que tanto Lego como yo tenemos de biólogos lo que podemos tener de pilotos de élite del ejército pakistaní). El cómo la conseguimos es otra historia que merecerá ser contada en otra ocasión, pero el caso es que terminamos teniendo las llaves de un local en el campus con electricidad, climatización, mesas, sillas, armarios y, lo mejor de todo, un sofá que nos encontramos en la basura. Pese a lo que indique su nombre (Aula de Rol), poquísimas veces llegamos a desempeñar esa función. Hacernos fichas sí, centenares, pero lo que es jugar jugar, poquísimo. El aula estaba más bien para que nos juntáramos los colegas a charlar, a comer, a filosofar, a perrear, a discutir y a hacer de todo menos asistir a clase. Qué buenos meses pasamos allí. No obstante, no me voy a poner a contaros las peripecias de las vivencias en el aula, que fueron muchas, sino que voy a referirme a un periodo de tiempo en el que, gracias a un alma caritativa, tuvimos una Nintendo GameCube y un televisor de 14' para nosotros.

Una GameCube... menospreciada, la pobre

Imaginad, un pequeño aula de no más de seis metros cuadrados (y creo que tiro por alto) atestada de gente gritándonos obscenidades mientras, uno tras otro, se sucedían los combates al glorioso Soul Calibur 2 y al Smash Bros Meleé. Fueron unos días extraños, ya que las conversaciones se dejaron totalmente aparcadas, las disputas, las bromas, incluso las miradas. Todo lo absorbía la pequeña pantalla. Tanto era así que, al par de semanas de tener la consola, me percaté que, en el perpetuo torneo "Rey de Pista" que teníamos montado, me enfrentaba a gente que no había visto en mi vida. Así es, nuestra aula, nuestro pequeño reducto de frikismo extremo (FE, en adelante) estaba siendo tomada por un montón de gente que, al menos yo, no conocía de nada, atraídas por la dulce miel de los 128 bits de Nintendo. No obstante, nos lo pasamos de miedo en aquellas semanas, zurrándonos mutuamente en un infinitamente absurdo pique por estar con el pad 1 el máximo de tiempo posible.

Soul Calibur 2

Pero todo lo que tiene un principio ha de tener un final, y es por esto que esa misma alma caritativa que nos prestó la consola y el televisor llegó un día reclamando lo suyo y, entristecidos y acongojados, tuvimos que ceder, llorando como mujeres lo que no supimos retener como gamers. Recuerdo perfectamente ese día cuando, ya despojados de nuestro entretenimiento digital, nos reunimos los de siempre en el aula y nos miramos a las caras. Era una sensación extraña, como de no habernos visto en muchos días y de tener la necesidad de preguntarnos cosas del estilo de "¿cómo te va?" "oye, ¿salió la nota esa que esperabas?", en fin, todo era como muy raro. En fin, el caso es que, mientras estábamos un poco a traspiés sin la consola, se abrió la puerta de repente a la vez que alguien decía la clásica frase de "Illo, yo también juego". La situación fue de antología. Para empezar, el pavo que entró en el aula era de esos que no conocía de nada (creo que alguien de los que estaba sí, pero yo no desde luego), el tío, al vernos sentados alrededor de una mesa y no jugando con la consola se quedó pinchado. Nosotros nos quedamos todos callados y mirándoles hasta que yo, que no me dicen Capitán Cuernos por casualidad, esbozo una sonrisa y le digo: "¡Hombre, pues qué bien, ahora mismo íbamos a jugar a las películas! Entra, que tú eres de mi equipo".

Smash Bros Melee

Después de recibir algunas miradas de mis colegas que venían a decirme "no seas cabrón", puse al muchacho a representar las más estúpidas películas y lo obligué a integrarse con nosotros, aunque solo fuera por un rato. Al cabo de una hora u hora y media, cuando ya vio prudente el marcharse, se levantó y, con cualquier excusa, se marchó de nuestro antro de frikismo para no volver. Puede que fuera una tontería, pero yo me reí lo que no está en los escritos con la cara del muchacho, y más aún con el agobio que sintió cuando se vio envuelto en nuestro juego de las películas y sin una manera decente de decirnos "me importa una leche lo que hacéis aquí, yo solo quería echarme unas partidas a la GameCube". En fin, Serafín...

 

Legoland

Hay muchas anécdotas que podría contar, pero esta noche me voy a centrar en dos. La primera lleva por título: Mi prima estuvo a punto de desgraciarme. Estábamos en mi casa, hace ya muchos años. Acababa de salir Silent Hill, un juego que a mí me aterrorizó, así que imaginaos a una dulce niña. Había pasado por una parte en la que entrabas en una habitación en forma de U, y cuando ibas a salir se abría una taquilla y te metía un subidón cardíaco. Así que lo preparé todo: tv con el volumen bien alto, a oscuras, los dos solitos... encendí la PSX y le puse el mando en las manos para que jugara esa parte; por supuesto ella no tenía ni de qué iba el juego. Jugó un rato hasta que llegó ahí, y pasó lo que tenía que pasar. Con un alarido de terror digno de la mejor Jamie Lee Curtis, mando, PlayStation y tv volaron. Recuerdo como todo sucedió a cámara lenta, mientras lanzaba el mando (tirando de la consola) por los aires y le metía una patada al tv, furiosa, asustada, mientras yo me llevaba las manos a la cabeza pensando “ostia, ahora sí que la hemos liao”. Afortunadamente pude coger el tv antes de que llegara al suelo, y paré la caída de la consola con el pie, que aunque sí que llegó a chocar luego funcionaba bien. Mi prima me dijo de irnos a ver la tele y no volvió a acercarse al juego.

Silent Hill

La segunda anécdota es del Salón del Manga de Jerez del año... bueno no sé, de hace ya bastantes años. Yo era joven e inexperto, y tenía el pelo largo también, imaginad si hace tiempo. Unos amigos me dijeron de ir a bichear aquello, y pensé en un momento de lucidez que sería mejor ir disfrazado. Sin embargo, no tenía tiempo de hacer el disfraz porque me iba de juerga la noche antes, así que cuando volví a casa (5 de la mañana, lloviendo) cogí una caja enorme de un tv nuevo (no, no era el de la otra historia) y un bote de pintura, y me puse manos a la obra. Lástima que no conservo fotos, porque os aseguro que os reiríais bastante de verme disfrazado de GameBoy. Hice la pantallita con carboncillo con Las Aventuras de Frikiboy en el menú de inicio. Además, es curioso la manía que tiene la gente de verte disfrazado de consola y venir a tocarte los botoncitos. Tenía el botón B justo en la entrepierna, y la gente tenía la manía de venir a pulsarlos. A las niñas les decía amablemente que si notaban algo raro no se asustaran, y a los niños que fueran a tocarle los botones a otro.

Espero que el cosplay de Legoland fuera mejor...

He estado tentado de contar la vez que me hice tela de daño por ponerme enfermo de tanto Mortal Kombat e intentar hacer la patada de Liu Kang en mi cuarto... pero me he acordado de que eso fue con la película (y, lo más triste, fue el año pasado), así que os lo dejo aquí mencionado para la posteridad, pero sin narrarlo, hala.

 

Uncalboy

Pues la mía pasó en una fría tarde de invierno. Resulta que Uncalgirl andaba pachucha con un virus de esos típicos de las fechas que corrían. Como la pobre no podía salir, yo, como buen novio, me fui a su casa con mi PlayStation 2, para jugar al tenebroso Silent Hill 3. Ella se había pasado ya dicho juego, y era yo el que lo estaba jugando mientras ella miraba.

Silent Hill 3

Me encontraba en una zona en la que estaba un poco atascado y mientras ella, como suele ser habitual, cada vez que me pasa lo de atascarme, se metía conmigo diciéndome cosas como: “que torpe eres, trae p’acá el mando”. Tan harto me tenía que, de malas maneras, se lo di, diciéndole: “toma pesada… déjame ya”.

Uncalgirl mirando a Uncalboy mientras juega...

Y aquí viene lo gracioso de la cosa: de pronto me da por mirar la pantalla y me doy cuenta de que la protagonista del juego estaba quieta mientras que un simpático enemigo la estaba atacando. Yo rápidamente digo: “niña, qué haces, que te están matando”. La niña no respondía, y yo se lo volví a decir, pero nada. Miré a Uncalgirl y estaba en el séptimo cielo. Mi pregunta es: ¿cómo jugando a la consola se puede dormir alguien?

 

Spidey

Si hay un juego al que le haya echado horas y horas, este ha sido Nemesis 2, el fastuoso cartucho de Konami para las computadoras MSX. Algo absolutamente normal, teniendo en cuenta que mi género favorito era, es y será el de los matamarcianos, siendo para el que esto suscribe Nemesis 2 el máximo exponente del género en la era de los 8 bits. Para un amante de los shooters como yo, el planteamiento de la segunda entrega de la serie Nemesis era la perfección, con un desarrollo a todas luces sobresaliente, a la par de llevar en sus espaldas una carga audiovisual pocas veces vista en un juego de la época. Ya para mí, fan como soy de las músicas de videojuegos (en especial aquellas generadas vía hardware), el oír las excelsas melodías de Nemesis 2 a través de la primera implantación en un cartucho del chip polifónico SCC era como si de un orgasmo tecnológico se tratase.

Nemesis 2 en toda su gloria

El caso es que mis horas de vicio al jueguecito de marras extralimitaban lo normal. Y no le echaba minutos en mi Canon V-20 para poder progresar poco a poco, sino para acabármelo una y otra vez, de cabo a rabo, de principio a fin… La cosa era exigirme la perfección en cada partida, tratar de darle vueltas al cartucho aniquilando el máximo número posible de “malos”, destruyendo los final bosses en tiempo récord, y acumulando puntos y puntos por doquier. La perfección, que posteriormente daba lugar a teorías “nemesianos”, tales como “si pasa tu láser, por estrecho que sea el camino, pasará tu nave” y cosas así… Puro vicio, posteriormente casi igualado por el brutal Salamander, otra obra maestra de la dificultad absurda de la que también pude llegar a hablar de hacerle partidas perfectas.

Nemesis 2 (fase de la beta, toma ya)

Bien, pues por aquellos entonces yo jugaba en un pequeño televisor Sanyo de 14 pulgadas que tenía en mi habitación a modo de lujo que hoy no es tal (prácticamente todos los nenes de hoy en día tienen una TV en su cuarto). En Nemesis 2, podíamos entrar en los enemigos gordos antes de que estallasen, y accedíamos a una mini-stage que se desarrollaba en el interior de la nave. Nos encontrábamos al final un ojo gigantesco (el núcleo del navío) y nos daba una o dos armas extras (o ninguna, dependiendo de nuestra rapidez a la hora de vencer). Pues por extraño que parezca, ese ojo se quedó marcado en mi televisión. Pero marcado al rojo vivo: la tele apagada, desenchufada, y el ojo seguía ahí. Vivo, brillante, fluorescente… ya se sabe, cosas de los tubos de imagen de la época.

El Doctor Venom... ¡argh!

Imaginad para un tierno jovencito como yo el tener delante de su cama, en plena noche, un ojo alienígena, de luminosos tonos verdes y rojos, vigilando expectante… ¡El terror, el terror! Bueno, no es que me asustara en demasía, pero cuanto menos era inquietante. “El ojo de Venom”, lo llamaba mi hermana (el Doctor Venom era el malo de Nemesis 2). Ahí estuvo durante meses, gobernando con incandescente fulgor mi rinconcito. Parece que, después de tanto aniquilar a su ejército dentro del juego, el Doctor Venom llegó a la conclusión de que era más fácil fastidiarme en la vida real…

 

Pedja

Entre las muchísimas anécdotas que podría recopilar durante tantos y tantos años de videojuegos, rescataré una de las más remotas y curiosas que podáis leer hoy en el presente artículo. Allá por la época de los ordenadores de 8 bits, podría decirse que, entre mis colegas más allegados, formábamos una especie de Club de Ordenadores. En verdad que, oficialmente, se formalizó, con carnet de socio y publicación cutre-salchichera incluida.

Amstrad CPC 6128 Plus

Casi todos nosotros poseíamos un Amstrad CPC Disco, algunos un 6128 a secas, otros como yo, un 6128 Plus, de estos que traían de serie el cartucho con el magnífico Burnin' Rubber. En dicha época, Internet era una simple quimera. La comunicación entre ordenadores formaba parte de un imposible, una historia más propia de una película de ciencia ficción que de otra cosa. Sin embargo, había que echarle imaginación al tema. En uno de aquellos discos que circulaban de forma clandestina entre nosotros, agrupando decenas de programas escritos en BASIC capaz de mantenernos entretenidos horas y horas, existía uno en concreto que llamaba la atención.

El famoso BURNIN'RUBBER

Se trataba de un videojuego que simulaba la comunicación con nuestro propio ordenador. Comenzaba con una simple presentación, para luego ir formulando una serie de preguntas que podía mantenernos "chateando" con el Amstrad durante toda la tarde. Mis amigos llegaron a creer, de verdad, que podían comunicarse con el ordenador. Le preguntaban si podrían hablar con otros ordenadores, a lo que el juego respondía que "los ordenadores eran sus hermanos". Hasta que un día, uno de mis colegas empezó a insultar al juego, y tras unos cuantos "piropos", el Amstrad le devolvió el insulto, mencionando el "mote" por el que a veces se le conocía a mi amigo. Éste quedó anonadado, sorprendido de que el ordenador le hubiera reconocido.

Aprende BASIC con Pedja ;D

Sin embargo, nadie sabía que yo había desentramado días antes este programa, porque ya por aquel entonces, con unos pocos de años, sabía algo de programación. Un rústico y tosco listado con múltiples sentencias IFs que detectaban una cadena de texto determinada creaba la ilusión. Sólo tuve que modificar ciertas palabras y el azar, o mejor dicho, la función Randomize() hizo el resto. Quién me iba a decir, cuando yo apenas contaba con siete abriles, que veinte años más tarde me ganaría la vida de programador y analista de aplicaciones.

Si quieres tú también contarnos alguna anécdota, haz cliq aquí

 

Comentarios (0)
Escribir comentario
Your Contact Details:
Gravatar enabled
Comentarios:
[b] [i] [u] [url] [quote] [code] [img]   
:D:angry::angry-red:
:evil::idea::love:
:x:no-comments::ooo:
:pirate::?::(
:sleep::);)
;)):0
Última actualización el Lunes, 02 de Marzo de 2009 01:56